Editorial
LA FIESTA DEL BICENTENARIO EN LA BAHIA DE VALPARAÍSO
El 13 de abril recién pasado, la ciudad de Valparaíso comenzaba a vivir un espectáculo que no dejaría indiferente a ninguno de sus habitantes y que sin duda llegaría a constituir un hito histórico de relevancia mayor en el viejo bitácora de sus visitas ilustres. En efecto, 11 veleros mayores, encabezado por nuestro buque escuela “Esmeralda” y seguido por el “Juan Sebastián Elcano” de España, el “Capitán Miranda” de Uruguay, el “Europa” de Holanda, el “Libertad” de Argentina, el “Cisne Branco” de Brasil, el “Cuauhtémoc” de México, el “Gloria” de Colombia, el “Simón Bolivar” de Venezuela, el “Sagrés” de Portugal y el “Guayas” de Ecuador, hacían su ingreso a nuestro puerto principal con sus velámenes desplegados al viento y manteniendo una rigurosa formación para rendir honores al Comandante en Jefe de la Armada de Chile, Almirante Edmundo González Robles, quien desde la Fragata “Almirante Williams”, buque Insignia de la Escuadra Nacional, daba la bienvenida oficial a la Regata Bicentenario.
A partir de ese momento se desarrollaba en Valparaíso una fiesta de indescriptible belleza marinera que se prolongaría durante cinco días, y que junto a las iluminadas siluetas que en la noche exhibían majestuosamente los buques atracados en torno a la poza, dio la oportunidad para que miles de personas visitaran las naves y compartieran con las tripulaciones extranjeras, mostrando la calidez de la gente de este rincón del Pacífico y conociendo la cultura, la música y las costumbres de nuestros visitantes. Es decir, Valparaíso vivió una verdadera fiesta de amistad engalanada por la magia y el encanto que generan los veleros.
La recalada de las velas del bicentenario en la bahía de Valparaíso, tiene un simbolismo muy especial que puede visualizarse desde distintas perspectivas.
Desde el punto de vista de la historia, la Regata constituye un esfuerzo organizacional de las Armadas de Chile y Argentina para celebrar los dos siglos de vida independiente de ambos países y de otras naciones latinoamericanas. El proceso independentista constituyó en el pasado una gran empresa estratégica que contó con la cooperación y la amistad de ambos pueblos, tras los sueños compartidos de autonomía y libertad.
Y fue precisamente en el Puerto de Valparaíso, donde se desarrollan los primeros esfuerzos destinados a configurar el Poder Naval que Chile requería para asegurar su libertad y la independencia de América; también es Valparaíso la ciudad que aporta una considerable cantidad de ciudadanos que bajaban de sus cerros al sentir el llamado de la patria naciente a tripular los veleros de nuestra Marina de Guerra. Y esos mismos cerros, que se fueron poblando a través del tiempo y que hoy conforman el hogar de muchos marinos y el vistoso marco de la identidad que caracteriza a la ciudad, fueron los testigos inmortales del zarpe majestuoso de la Primera Escuadra Nacional y escucharon con orgullo las noticias que informaban los primeros éxitos alcanzados en combate ratificando para siempre nuestro destino marítimo.
Es también desde Valparaíso donde el Padre de la Patria, don Bernardo O’Higgins Riquelme, despidió en 1820 a nuestra Escuadra Libertadora que llevaba la esperanza bendita de independencia a la República de Perú, trasportando en sus cubiertas un Ejército constituido por chilenos y argentinos, mancomunados por el ideal solidario de alcanzar la libertad de un país vecino.
Hace algún tiempo, con motivo de la designación de Valparaíso como Patrimonio Cultural de la Humanidad, la Visitadora del Consejo Internacional de Monumentos y Lugares señalaba: “Los porteños no son gente que olvide su pasado; cargan con él y se recrean en él. El pasado es el origen de su identidad así como también las prácticas sociales que hoy dan vida a la actividad cultural porteña”. Ello parece explicar el verdadero fenómeno social que evidenció el inmenso interés ciudadano demostrado durante la visita de la Regata Bicentenario. Sin duda, existe una ligazón que entrelaza con fuerza a los habitantes de Valparaíso con el mar, con su Armada y con la historia de Chile, lo que hace aflorar en forma innata el sentimiento de adhesión ilimitado en torno a las iniciativas que llevan a evocar un pasado del que se consideran dueños y que en esta oportunidad estuvo magistralmente representado por el simbolismo de los buques participantes en la mencionada Regata.
Una segunda perspectiva que justifica la masiva acogida brindada por la ciudadanía a los grandes veleros, es la belleza del espectáculo que ellos generaron en su ingreso y durante su estadía en puerto, a lo que agregaron como broche de oro un desfile naval al zarpe desde Valparaíso, ante el Presidente de la República, Excelentísimo Señor Sebastián Piñera Echeñique, quien despidió la Regata Bicentenario desde la Fragata “Almirante Williams”, mientras la ciudadanía repletó el borde costero registrando imágenes únicas e irrepetibles.
Las formaciones de entrada y salida de puerto, las características particulares de cada uno de los buques y las maniobras de las tripulaciones para desplegar o recoger las velas, así como los distintos uniformes exhibidos durante las faenas marineras, constituyeron un especial atractivo que fue muy valorado por la gran cantidad de público que lo presenció.
Durante la estadía de la flota en puerto, una gran cantidad de visitantes llegó hasta las naves atracadas en el molo de abrigo con el fin de observar los detalles de cada velero, apreciar la altura de sus palos, sus diferentes jarcias, sus emblemas, su iluminación, etc. A ellos se agregan quienes con idéntica finalidad observaban desde distintos miradores de Valparaíso y el numeroso público que tras larga espera lograba embarcarse en lanchas de turismo en el muelle Prat para acercarse a los buques desde el mar.
Por ello, la belleza integral del espectáculo en torno a los buques de la Regata Bicentenario, fue plenamente valorada por la ciudadanía de Valparaíso y por quienes viajaron hasta el puerto para participar en esta fiesta, lo que superó las expectativas de visita y se transformó en un gran evento que la Armada obsequió al país con motivo de sus dos siglos de vida independiente.
La tercera perspectiva radica en el mensaje de esperanza que irradia la presencia de los buques de 11 países en el puerto de Valparaíso. En efecto, además del hecho de celebrar junto a nosotros los dos siglos de independencia, también está presente el apoyo solidario que con su visita nos brindaron esos países amigos luego del terremoto y de los maremotos que afectaron gravemente a nuestra Nación. El hecho de compartir con la población, de brindar espectáculos culturales y entretención, de materializar operativos de ayuda a entidades afectadas y de entregar elementos materiales a quienes resultaron más perjudicados con el sismo, muestra con claridad que el espíritu solidario que caracterizó a nuestros pueblos durante la época de la emancipación, sigue hoy plenamente vigente y que en esta oportunidad se ha concretado, una vez más, a través del mar. La visita, sin duda, ha constituido un fuerte apoyo para levantar el espíritu de los chilenos afectado por la desgracia recién vivida.
Pero el mensaje de esperanza es aún mayor. La materialización de la Regata Bicentenario muestra al mundo la capacidad de integración entre las naciones latinoamericanas, donde más allá de las contingencias políticas puntuales, existen elementos comunes, como la solidaridad y la cooperación, que nos unen desde nuestro nacimiento como países independientes y que conforman una herencia de férrea unión que se proyecta al futuro en la búsqueda compartida de mejores destinos.
Director de Revista de Marina